El famoso juguete de los 90 que generó alerta en la inteligencia de EE.UU.

Nov 17, 2024 | negocios

En la década de los años 90, un juguete revolucionó el mercado y se convirtió en el sueño de millones de niños alrededor del mundo. Este entrañable peluche, conocido como “Furby”, no solo era un compañero adorable, sino que también fascinaba por su aparente capacidad de aprender palabras y realizar interacciones aparentemente realistas. Sin embargo, esta innovadora tecnología que hizo de Furby un producto millonario, también despertó preocupaciones en un lugar inesperado: las agencias de inteligencia de los Estados Unidos.

Furby era mucho más que un simple juguete de peluche. Su diseño interactivo incluía la habilidad de comunicarse en un lenguaje propio que, con el tiempo, podía evolucionar usando ciertas palabras en inglés. Este aspecto capturó la imaginación de los niños, quienes se maravillaban al ver cómo su Furby se “transformaba” al interactuar con el entorno. Estos juguetes fueron furor, vendiéndose millones de unidades rápidamente después de su lanzamiento en 1998. Sin embargo, lo que se suponía iba a ser un inocente regalo para niños terminó siendo objeto de suspicacia para las fuerzas de seguridad estadounidenses.

Las razones detrás de las inquietudes del gobierno estadounidense eran comprensibles, aunque no menos sorprendentes. La avanzada tecnología de Furby planteaba la posibilidad de que el juguete pudiera grabar y transmitir conversaciones. En aquella época, la idea de que un dispositivo que se encontraba en millones de hogares pudiera actuar como un espía en potencia generaba más que simple curiosidad. Aunque nunca se confirmó que Furby tuviera capacidades de espionaje, el riesgo percibido llevó a ciertos sectores de la inteligencia a considerar su prohibición en instalaciones sensibles por temor a la fuga de información.

La popularidad de Furby no flaqueó a pesar de estas preocupaciones iniciales. Su fama siguió creciendo y el juguete se consolidó como un icono de la cultura pop de finales de los 90 y principios de los 2000. Lo que marcó una diferencia fue la rápida respuesta de su fabricante, Tiger Electronics, que aseguró públicamente que Furby no poseía tecnología de grabación ni transmisión de datos. Esta declaración oficial ayudó a mitigar las preocupaciones y permitió que el entrañable peluche siguiera ocupando un lugar especial en los corazones y las estanterías de muchos niños.

No obstante, la historia de Furby es un recordatorio de cómo incluso los objetos más inocuos pueden convertirse en un foco de atención en un mundo donde la seguridad y la privacidad son temas críticos. Hoy, con la evolución de la tecnología, las preocupaciones sobre la privacidad se han trasladado a dispositivos mucho más sofisticados, pero Furby seguirá siendo recordado como el adorable juguete que una vez despertó las alarmas en los servicios de inteligencia estadounidenses.

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